La Hispanidad y nuestros cuentos

Los alumnos de 1ºESO-B han realizado un proyecto que ha consistido en la investigación de cómo realizar una narración y han finalizado dicha actividad con la invención de un cuento sobre la Hispanidad. A continuación se presentan los distintos cuentos que quedaron finalistas y la firma de cada alumno.

No me quiten el Día de la Hispanidad

Por Nauzet del Pino

Todo estaba listo, solo teníamos que esperar a aquel día en el que alcanzaríamos la festividad llamada «Hispanidad». Ya era jueves once de octubre y estábamos en clase, pero solo pensaba en dicha celebridad, tanto que hasta que el día no llegara, no les paraba de hablar a mis compañeros de clase, incluso en el recreo a algún que otro profesor, se lo contaba, y le preguntaba si lo celebraría con su familia o amigos. Pero cuando llegué a casa, me puse a ver la televisión con mi madre y salió una noticia que me dejó asombrado, y es que iban a cancelar el «Día de la Hispanidad». Lo había dicho como noticia de última hora en Televisión Española. Teníamos bastantes cosas planeadas para ese día y me dije: «¿Ahora nos lo quitan?».

Más tarde, una vez me tranquilicé, pensé y me repetí mil veces que esto no se iba a quedar así. Me fui por la calle a pedir firmas para que evitar que dicha atrocidad sucediera. Me encontré a muchas personas por el barrio preocupadas, preocupadísimas. Así que en un momento conseguí 70 de las 500 firmas que necesitaba para que esto no cambiara. Solo sin salir de Cuevas Blancas. Más tarde, paramos en Tacoronte, y alcancé allí ya la mitad, 250. Sin embargo, las cantidades empezaban a disminuir. Ya solo obtenía cinco allí, cinco más adelante. No entendía qué estaba sucediendo. Parecía que a todos les daba igual que la «Hispanidad» desapareciera. Me puse a indagar la causa de tantos rechazos y la negación a firmar en defensa de esta histórica fiesta nacional. Entré en internet y lo comprendí. Iban a retirar este día para conceder algo que querían llamar el «Mes del Descanso». Entonces, fue cuando levantando un poco la voz dije a todos, los que estaban a mi alrededor: «¿Es que no os da vergüenza?». A lo que sumé con voz más calmada que el Día de la Hispanidad es parte de nuestra cultura, tanto histórica como tradicionalmente. Este día nos hace pensar que somos lo que somos gracias a ese descubrimiento, el de América por parte de Cristóbal Colón. Es un día que nos une.

Dicho lo anterior, no me lo podía creer, se reunieron a mi alrededor las suficientes personas para poder llegar a la cantidad de 500, de 500 firmas, y mi misión había terminado. El Día de la Hispanidad seguirá existiendo.

El Día de la Hispanidad en Argentina

Por Nahuel Puerta Aguiar

En el año 2016, en el mes de octubre, un niño llamado Nahuel se fue de viaje a Argentina para visitar a la familia de su padre. Como estuvo el mes entero allí, aprovechó para ver cómo se celebraba el «Día de la Hispanidad», el 12 de octubre en ese país. Se dirigió a la Plaza Central de la provincia de Mendoza. Al llegar allí  se encontró con muchas actividades que estaban realizando. Muchos juegos para los niños, música en vivo, típica de la provincia. Además había muchos puestos de comida tradicional. Nahuel se divirtió muchísimo compartiendo con la gente local y con su familia este día tan especial. También utilizó el tiempo que estuvo allí para contarle a su familia argentina cómo se celebraba el «Día de la Hispanidad» en España. Les contó que en Madrid se organiza un desfile militar al que asiste el Rey junto con la Familia Real. Y lo más increíble para él, era que este día las patrullas de las Fuerzas Armadas del Aire sobrevuelan el cielo de la Capital de España.

Por cierto, este día es también llamado Día de la Raza. Ah, este cuento me resulta muy familiar, puesto que es una historia real, dado que yo soy este niño.

 

Un día en el que una máquina del tiempo cambió el mundo

Por Saúl Díaz Navarro

Hace no mucho tiempo, sucedió algo que cambió la manera de visionar cómo era el mundo. Un niño llamado Joel, que tenía muchas ganas de aprender, se puso a investigar sobre el maravilloso Día de la Hispanidad. El era muy creativo y junto a su tía, que es científica, crearon una máquina del tiempo. Después de terminarla, Joel, decidió viajar al 12 de octubre de 1492. Al instante de introducir los dígitos, la máquina empezó a teletransportarse, y al minuto, Joel se encontró en el barco llamado «La Niña». Podía observar a Cristóbal Colón, mirando el mar desde la proa. También a todos los tripulantes pensando y dibujando una idea del trayecto que iban a realizar. De repente, Joel preguntó hacia dónde iban, a Rodrigo de Triana. A lo que el intrépido marino respondió, «a lo desconocido».

Pasaron días y días, y lo que se veía solo era mar. Los víveres, ya se estaban agotando, cuando el De Triana gritó, «¡Tierra, tierra! ¡Tierra a la vista! La tripulación y el mismo Joel estaban entusiasmados. Cuando ya bajaron de los barcos y pisaron «Tierra desconocida», todos sintieron orgullo por haber descubierto un nuevo continente. Desembarcaron en el Archipiélago de Las Bahamas (posteriormente llamado San Salvador). Fueron unos días que marcaron la historia, al señalar el encuentro de dos mundos.

Al final, Joel entró otra vez a la máquina del tiempo. Después, de por así decirlo, la clase de Historia que el vivió ese día. Ahora tiene más conocimiento de lo que sucedió. Finalmente, Joel le agradeció el trabajo que hizo a su tía para que el pudiera viajar al más lejano pasado.

 

Los Reyes, Alejandro Buenaventuda y María Catalina

Por Carla Cruz Rodríguez

Érase una vez, dos Reyes llamados Alejandro Buenaventura y María Catalina, quienes vivían en un gran castillo, que se encontraba situado en la Isla Escondida. Decían que solo los pocos habitantes que habitaban allí y los Reyes sabían sobre su existencia. En la otra punta del país, se encontraba el aventurero más avaricioso, conocido en aquellos tiempos, Cristóbal Colón, que soñaba con conquistar todo aquel imperio que descubriera.

De esta forma, en uno de sus viajes, Cristóbal Colón navegaba con todos sus tripulantes en las tres embarcaciones: La Niña, La Pinta y La Santa María, que eran sus carabelas, con las que realizaba sus grandes conquistas. Cuando de repente, con su catalejo creyó ver a lo lejos un hermoso castillo en lo alto de una colina. Avisó corriendo a su tripulación, pero cuando vinieron, vieron una niebla intensa que lo había cubierto todo. Colón eran muy caprichoso, por lo que lo siguió intentando, volviendo todos los días al mismo sitio para ver si conseguía encontrar otra vez ese castillo que le pareció ver.

Un día, la tripulación ya cansada se dejó llevar por la corriente para comprobar si era verdad que detrás de la tupida niebla se encontraba el hermoso paraje que decía Cristóbal. Así, una vez flanqueada la niebla lograron ver la hermosa isla y se sorprendieron. Cuando desembarcaron, decididos a conquistar, se encontraron con gentes muy amables y unos Reyes enormemente cordiales y afectuosos.

Finalmente, a Cristóbal Colón se le ablandó el corazón y decidió no conquistar la isla, pero sí que la situaría en un mapa para que saliera al descubierto.

 

La conexión entre el mundo conocido y el nuevo mundo

Por Alba Borges Martín

Hola, me llamo Carmen y hoy vamos a hacer un viaje al 12 de octubre de 1492. Os preguntaréis que para qué viajamos a esa fecha. Vamos porque en ese día Crisbóbal Colón descubrió América, lo que significó la conexión entre el mundo conocido hasta entonces y el nuevo mundo. En esa fecha, se celebra el Día de la Hispanidad. Se trata de una Fiesta Nacional, también conocida como el Día Nacional de España. Desde 2014, de igual forma se conmemora el Día de la Lengua Española, después de la que Organización de Naciones Unidas, ONU, así lo estableciera, como un elemento más de unión y consolidación del mundo hispánico.

Cristóbal Colón no quería ir a América. En un primer momento, pretendía ir y conquistar la India, ya que nunca fue consciente de haber llegado a un nuevo continente. Se ha considerado como un día memorable, puesto que a partir de entonces se inició el contacto entre Europa y América, conocido como «encuentro de dos mundos». Esto es lo que pasó. Ahora lo celebramos y nos enorgullece haber conquistado ese territorio.

 

La niña americana

Por Agoney Dorta Pérez

Hubo una vez, hace cientos de años, una niña americana llamada Izán. Ella y toda la tribu americana, a la que pertenecía, vivían en América, tierras desconocidas para otras personas del mundo. Tenían una vida tranquila, que consistía en cazar, pescar, cocinar, trabajar en la cosecha. Eso los adultos. Sin embargo, los niños jugaban, hacían hogueras por las noches y acudían a una pequeña escuela para aprender de los adultos.

Un día, Izán, jugaba con sus amigos al escondite para pasar el rato y decidió ocultarse en la playa para no ser encontrada. Estaba entre los arbustos, cuando de repente escuchó unos pocos pasos en la arena. Se dio la vuelta y era una persona de piel blanca, no como los de su tribu, que lucían piel oscura. Se asustó mucho, porque veía que detrás de él se acercaban un montón más. Decidió correr todo lo que pudo para avisar a su tribu. Al llegar, enumeró todo lo que había visto. Todos sentían miedo y por eso no deseaban acercarse a la playa, puesto que esos extraños se hallaban allí.

A la mañana siguiente, Izán se dirigió a escondidas a la playa para vigilar más de cerca a los marineros, que se disponían a hacer ejercicio, corriendo, cuando ella llegó. Uno de los marineros, el que más destacaba, la vio. Quiso disimular, para luego aproximarse a la niña, alguien o algo le había tocado la espalda. Ella se dio la vuelta y se topó con un hombre de estatura muy alta, piel pálida, blanca como la nieve, ojos azules como el cielo más despejado, nariz en pico y boca con labios gruesos, con dientes brillantes como las más grandes de las estrellas. Iba vestido con ropajes sofisticados, a diferencia de ella, que llevaba puesto un vestido fabricado con piel de oveja. El hombre la saludó y ella contestó un simple hola con mucho miedo al hablar. El la tranquilizó y le dijo que no se preocupara, que no le iba a hacer nada malo. Izán dudó, al principio, pero luego al sentir que el marinero no llevaba ningún arma,  empezó a encontrar algo más de confianza. A partir de ese momento, todos los días se pasaba un ratito por la playa para visitar a los marineros. Uno de esos tantos días fue el hombre el que se acercó. Se sentó junto a una hoguera con Izán y comenzó a relatarle cómo había sido su vida. Le dijo:

-Nací en Génova, una ciudad de Italia en el año 1451. Estudié y me hice artesano, además de comerciante. Como tenía que viajar en barco para comerciar, descubrí en realidad cuál era mi vocación, navegante. Yo quería ir a la India, sin embargo aquí estoy, en América. Este es el mayor descubrimiento que he logrado en mi vida. ¿Qué te parece mi historia?-, señaló.

-A mí genial-, dijo Izán con asombro. -Deberías conocer a mi tribu, y así dejaríamos de ser dos grupos, y pasar a ser uno solo.

Así hicieron los dos grupos y lograron conocerse mejor. Se unieron y se hicieron amigos, y algunos hasta familia. También compartían víveres para tener una mejor salud.

Uno de esos días de nubes, llegaron uno de esos barcos llenos de guerreros franceses que querían conquistar América y hacer de la tribu esclavos. A Izán, que ya tenía quince años, se le ocurrió comentarle a Cristóbal si tenía armas para combatirlos. Su respuesta fue un «sí». Todos aprendieron en poco tiempo a utilizarlas. Estuvieron luchando dieciséis días. Vencieron los americanos y españoles, porque lucharon juntos. Vivieron felices y unidos para poder crecer y hacer una gran familia.

FIN